mo, lo precipitan en una atm?sfera de inaprensible extra?eza o enajenaci?n, a veces inquietante, como en «Un encuentro en Rauch», a veces atroz, como en «Margarita o El poder de la farmacopea», y a veces delirante, como en «A prop?sito de un olor» o en «Bajo el agua». En estos casos, como en «Una mu?eca rusa», es lo grotesco lo que vuelca insidiosamente la realidad; y, en otros a?n, como en «Cat?n», la amarga iron?a de las contradicciones entre el arte y la pol?tica es la que nos compromete en una reflexi?n turbadora. De la risa incontenible al desasosiego, Bioy Casares nos conduce hacia ese asombroso lugar fronterizo entre lo real y lo fant?stico en el que la ficci?n, todopoderosa, nos envuelve completamente.